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Elections Have Consequences/ Las elecciones tienen consecuencias

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by Fernando Mendez

In the 2016 election many voters chose to give a vote to the Green Party or the Libertarian Party to send a message to the “establishment,” that their vote must not be taken for granted. Think again. If as a person concerned about environmental degradation you chose to vote for Jill Stein, who had no chance of winning, you must realize by now how bad Donald Trump has been for the environment, how much our Earth has already suffered, and will suffer, because of his ideas and the actions he took to isolate this country. He doesn’t believe in global warming because he also believes he knows more than the scientists. If, as a Libertarian, someone chose to vote for Gary Johnson, it should be clear by now that Trump has destroyed our faith in the institutions that supported this democracy since its foundation. Pennsylvania went to Trump because Jill Stein collected 41,000 votes. Trump won by 44,292 votes, or less than 1% of the 6 million votes. The smallest margin in 172 years. And the Libertarian Gary Johnson received 146, 715 votes. A fraction of those votes would have given Hillary Clinton a victory and our democracy would not be threatened, our immigrants would not fear the government, and our judicial system would not have been in the hands of Bill Barr, the most corrupt Attorney General in U.S. history. There is no way the Green Party followers are celebrating the way Trump took our country out of the 2015 Paris Agreements on climate change mitigation. And the Libertarians should lament the threat of an authoritarian government under Donald Trump. The effective date for our withdrawal from the Paris agreement is actually November 4, one day after the election and certainly too late to revoke Trump’s order if Biden wins the election. It will take years, perhaps a decade, to undo the damage Trump has done to our international relations, to our position in the world. And our internal divisions, exacerbated by Trump’s expressed desire to be a disruptor will take even longer to heal. He didn’t create the deep division, but he has engaged in a campaign to divide the nation in order to perpetuate his power. He really thinks his people will want to have him as president for life. These are the issues we should be considering as we go to the polls on November 3. Now we are sure that our vote counts and that elections have serious and perhaps permanent consequences. 

de Fernando Mendez

En las elecciones de 2016, muchos votantes optaron por dar un voto al Partido Verde o al Partido Libertario para enviar un mensaje al “establecimiento” de que su voto no debe darse por sentado. Hay que pensar en eso. Si, un individuo, como persona preocupada por la degradación ambiental, eligió votar por Jill Stein, quien no tenía ninguna posibilidad de ganar, debe darse cuenta de lo malo que ha sido Donald Trump para el medio ambiente, de lo mucho que nuestra Tierra ya ha sufrido y sufrirá, por sus ideas y las acciones que tomó para aislar este país. No cree en el calentamiento global porque también cree que sabe más que los científicos. Si, como libertario, alguien eligió votar por Gary Johnson, debería quedar claro a estas alturas que Trump ha destruido nuestra fe en las instituciones que apoyaron esta democracia desde su fundación.  Trump  porque Jill Stein obtuvo 41.000 votos. Trump ganó por 44,292 votos, o menos del 1% de los 6 millones de votos. El margen más pequeño en 172 años. Y el libertario Gary Johnson recibió 146,715 votos. Una fracción de esos votos le habría dado una victoria a Hillary Clinton y nuestra democracia no estaría amenazada, nuestros inmigrantes no temerían al gobierno y nuestro sistema judicial no habría estado en manos de Bill Barr, el fiscal general más corrupto en la historia de Estados Unidos. No es posible que los seguidores del Partido Verde estén celebrando la forma en que Trump sacó a nuestro país de los Acuerdos de París de 2015 sobre mitigación del cambio climático. Y los libertarios deberían lamentar la amenaza de un gobierno autoritario bajo Donald Trump. La fecha de vigencia para nuestra retirada del acuerdo de París es en realidad el 4 de noviembre, un día después de las elecciones y ciertamente demasiado tarde para revocar la orden de Trump si Biden gana las elecciones. Se necesitarán años, quizás una década, para deshacer el daño que Trump ha hecho a nuestras relaciones internacionales, a nuestra posición en el mundo. Y nuestras divisiones internas, exacerbadas por el deseo explícito de Trump de ser un disruptor, tardarán aún más en sanar. No creó la división profunda, pero participó en una campaña para dividir la nación a fin de perpetuar su poder. Realmente cree que su gente querrá tenerlo como presidente de por vida. Estos son los temas que deberíamos estar considerando al ir a las urnas el 3 de noviembre. Ahora estamos seguros de que nuestro voto cuenta y que las elecciones tienen consecuencias graves y quizás permanentes.

 


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