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February 20, 2019

 

¿Cómo el 'shutdown' afecta a los trabajadores estadounidenses?

 

Por Por Xavier Vilà RFI

 

John Franklin trabaja para el buró de prisiones y es uno de los 800.000 empleados públicos que no ha percibido su salario a mediados de enero.

 

El centro de jubilados de Silver Spring, al lado de Washington, reúne a un animado grupo de trabajadores federales afectados por el cierre parcial del gobierno federal de los Estados Unidos. John Franklin trabaja para el buró de prisiones y es uno de los 800.000 empleados públicos que no ha percibido su salario a mediados de enero: “La moral es baja y la gente está trabajando más de lo que debería. La función del gobierno es la de servir a la gente y con este cierre no está sirviendo a la gente en absoluto”.De este colectivo alrededor de la mitad deben trabajar igualmente, pero sin cobrar. “La falta de normalidad, no saber realmente cómo se va a resolver esto y cómo planificar el tiempo y el dinero” es lo que más angustia le da a la chilena Amalia Córdova. Trabaja aquí como curadora latina en la institución Smithsonian y describe de qué manera se ha alterado su vida: “Yo soy madre soltera, estoy separada y no percibo ingresos de parte del papá de mi hija. Para más, yo también ayudo a mi familia en América Latina. Entonces esto significa que yo también tuve que comunicarme con ellos, explicarles lo que está pasando y que no cuenten con apoyos garantizados”.

Mientras el presidente Trump exige levantar un muro en la frontera sur para resolver el conflicto y la oposición demócrata no lo quiere financiar, la basura se amontona en la alameda nacional. El metro va vacío. El tráfico se ha reducido hasta dejar Washington como una ciudad fantasma. Y eso afecta a servicios como los que presta el centro de donación de sangre colindante con la plaza Lafayette. Su director, Paul Adams, vive estos días angustiado: “El cierre del gobierno afectará seriamente a nuestras reserves”, considera. Y es que el centro confía en la generosidad de miles de trabajadores federales para garantizar las reservas de sangre que luego trasladan a los hospitales de la zona: “Cuando empezó el cierre federal nos vimos forzados a cancelar dos de nuestras campañas de donación de sangre. Puede parecer poco, pero dos campañas pueden suponer donaciones de 30, 40 o 50 personas. Ahora instamos a otra gente a que venga a donar”, explica Adams. Muchos puestos ambulantes de comida han cerrado ante el colapso de un sector turístico que mueve más de 20 millones de visitantes anuales y factura unos 8 mil millones de dólares.

El cierre de los museos nacionales, polo de atracción de los extranjeros, genera reacciones de decepción. La noruega Cora Doving cuenta que “somos del Centro Noruego de Estudios del Holocausto y las Minorías, y vinimos aquí para ver cómo este museo representaba a los indios americanos. Es muy triste que esté cerrado. Y el motivo del cierre es muy chocante”.

El mundo escolar también se vio sacudido por el cierre, lo que provoca preguntas incómodas como las que formula la hija de Amalia Córdova: “¿Qué és el furlough [paro técnico], mamá? Yo creo que ella está angustiada porque sabe que algo no está bien. Y si yo antes a veces agarraba un bus para las seis cuadras hasta la escuela si andábamos tarde, ahora no, ella sabe que vamos y volvemos caminando porque ha habido subsidio de transporte”.

 

 

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